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Gloria Luna: el alma del Chocó | Los 75 nuevos líderes de Colombia

Es la vocera del Chocó en el Proceso Nacional de Garantías, un escenario que promueve la protección de los defensores de Derechos Humanos en el país. Entre sus innumerables logros está haber acompañado la causa que derivó en la sentencia histórica que reconoció al río Atrato como sujeto de derechos.

“Creo en vidas pasadas. No sé si tendrá algo que ver, pero esto nació conmigo”, dice Gloria Luna Rivillas (Medellín, 1950) cuando le preguntan cómo se forjó esta mujer negra, historiadora y defensora de Derechos Humanos que se presenta como una “luchadora por el territorio chocoano”, el suelo de su familia paterna y el que ella pisa desde niña, aunque haya venido al mundo —no sabe muy bien por qué— en Medellín.

Luna Rivillas es una de las lideresas más destacadas de la Red Departamental de Mujeres Chocoanas, una organización social, sin ánimo de lucro, creada en 1992 —hija de la Constitución de 1991— que está presente en una veintena de municipios del Chocó y agrupa a más de 1.000 mujeres negras, indígenas y mestizas a las que busca investir de poder y autonomía política, económica y social en un territorio históricamente violentado, sumido en una guerra sin fin. A esta entidad llegó en marzo de 2004, casi 20 años ya en los que no ha dejado de levantar la voz en defensa de su pueblo.

Gloria Luna. Imagen: Cortesía Ministerio del Interior Revista _Defensoras de Nuestra Colombia.

Bajo su responsabilidad están todas las iniciativas de derechos humanos en las que participa la Red, como el Proceso Nacional de Garantías, creado en 2009, un escenario donde convergen el Estado y la sociedad civil con el acompañamiento de la comunidad internacional para abordar las garantías en el ejercicio de la labor de defensa de derechos humanos. Ella es la vocera de Chocó en el Proceso y la coordinadora de la mesa territorial del departamento.

En su trayectoria sobresale el haber participado en la elaboración del documento Acuerdo Humanitario ¡Ya! en el Chocó, una iniciativa de la sociedad civil dirigida al Gobierno nacional y a la guerrilla del ELN en el marco de las conversaciones de paz que se llevaron a cabo bajo el mandato de Juan Manuel Santos. Luna Rivillas fue una de las personas que, en 2017, llegó hasta Quito (donde estaba instalada la mesa de negociación) para presentar esta propuesta. “Ese fue el último empujón que se dio para que el Gobierno acordara un cese al fuego con el ELN entre octubre de ese año y enero de 2018″, recuerda.

Entre 2015 y 2016 había acompañado la causa que derivó en una histórica sentencia, la T-622 de 2016 de la Corte Constitucional, que reconoce al río Atrato como sujeto de derechos con el propósito de garantizar su conservación y protección. En la audiencia pública previa habló de la importancia del Atrato para su gente y narró la tristeza de verlo morir por cuenta de la minería ilegal, la tala y el conflicto. “Para nosotros, Chocó es agua, tenemos más de 300 ríos y grandes cuencas. La comunicación por el agua significa vida para el territorio. Sin eso no somos nada. Recuerdo que esa sentencia fue una gran alegría, aunque no es muy conocida, no tiene enfoque de género y es muy poco lo que se ha avanzado”.

Gloria es hija de Cecilia Rivillas de Luna (“en esa época no podía faltar el ‘de’”, apunta) y de Juan Bautista Luna Garrido, el primer negro chocoano graduado de médico, un hombre que, cuenta, toda la vida trabajó en el Chocó. Es la menor de nueve hermanos, seis hombres y tres mujeres, y desde pequeña la anima una pulsión que hizo que, estando apenas en quinto de primaria, se parara delante de sus compañeras, en un colegio de monjas franciscanas, a hablar de huelgas y de derechos. Más tarde, siendo una joven en la década de los 70, formó parte del movimiento estudiantil en defensa de la educación pública y decidió que no quería ser madre, ella, que había sido criada bajo la premisa de que una mujer es mujer solo si tiene marido e hijos.

Para una defensora de derechos humanos lo más doloroso, a veces, es sentir la indiferencia de la sociedad y la corrupción tanto de algunos liderazgos como de la institucionalidad, dice Gloria. “Eso es difícil. Muy difícil. Y es muy terrible también la soledad que uno enfrenta”. Cuando habla de la situación actual del Chocó –donde se han disparado tanto las extorsiones como el confinamiento– su voz se pone un poco triste, pero muy rápido cambia de tercio e invoca la esperanza: “La paz tiene que ser de todos. Y tiene que empezar en casa y con uno mismo”.

*Apoyan Ecopetrol, Movistar y Fundación Corona.

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